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crecimiento pondero-estatural, con el seguimiento longitudinal desde el nacimiento, que permite cuantificar
la velocidad de crecimiento. Asi sabremos el momento a partir del cual el paciente ha ido desviándose de
sus percentiles habituales y posibilita reconocer niños sanos (constitucionalmente pequeños), que siguen
percentiles bajos y que no son más que variantes de la normalidad.
También es importante, en el caso de los lactantes, consignar la edad gestacional, ya que en la evaluación de
un niño prematuro, durante los primeros meses de vida, debe corregirse su edad, lo que se obtiene restando
de la edad cronológica las semanas que faltaron para llegar al término del embarazo. Por ejemplo, un niño
de 6 meses que nació a las 28 semanas de gestación tiene tres meses de edad corregida y debe ser evaluado
como tal. La omisión de la corrección de la edad de acuerdo a la prematuridad es un factor frecuente de
error, conduciendo a la suspensión de la lactancia o la introducción precoz de alimentación complementaria
en niños que no la requieren.
El antecedente de patología crónica o de infecciones recurrentes que modifiquen la ingesta, absorción o
excreción de nutrientes, o bien, aumenten el gasto energético o las pérdidas nitrogenadas, obliga a una
vigilancia nutricional cercana. Son de especial interés las enfermedades crónicas que tienen lugar en
periodos de crecimiento acelerado, sobre todo las de origen gastrointestinal. Hay que preguntar sobre el
hábito intestinal y la actividad física diaria o semanal.La encuesta nutricional debe ser siempre minuciosa, en
especial si la impresión general orienta a un trastorno nutricional ya sea por deficiencia o por exceso. En los
niños menores, deberá incluír datos sobre duración de lactancia, edad de introducción de lactancia artificial,
forma de preparación de los biberones, total de fórmula recibida en el día, introducción de alimentos no
lácteos (tipo, cantidad, preparación), suplementos vitamínicos y minerales e impresión de la madre acerca
del apetito del niño.
En el lactante, la menor variabilidad de la dieta facilita la obtención de datos que reflejen la ingesta habitual,
pero la información proporcionada por la madre no siempre es precisa, ya que los datos obtenidos pueden
corresponder a lo que ella cree que debe recibir el niño y no a lo que efectivamente está recibiendo, o bien,
puede no ser la madre quien prepare la alimentación, o haber errores en el tipo de instrumentos de medición
usados.
En niños mayores, es importante consignar el número de comidas, su distribución y el tipo, cantidad y
variabilidad de alimentos consumidos, incluyendo zumos, bebidas, golosinas y extras ingeridos entre comidas,
tanto dentro como fuera de la casa.
En adolescentes, es importante estar alerta a la presencia de hábitos alimentarios anárquicos y a detectar
conductas que orienten a trastornos de la alimentación.
En el niño hospitalizado puede obtenerse información más precisa a través del balance de ingesta, el cual
no está sujeto a las imprecisiones de la encuesta alimentaria y es de gran ayuda para el apoyo nutricional.
Los resultados de la encuesta nutricional o del balance de ingesta deben compararse con los requerimientos
estimados del niño para establecer su adecuación. La anamnesis nutricional proporciona antecedentes de
gran ayuda en la evaluación del estado nutricional, pero por sí sola no permite formular un diagnóstico.
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Antecedentes familiares:
Es importante consignar antecedentes socioeconómicos y culturales (árabe,orientales,indios…) por su
relación con la disponibilidad de alimentos o con patrones dietéticos específicos, enfermedades crónicas o
hereditarias, muertes precoces inexplicadas, hermanos (nº y enfermedades reseñables). En trastornos del
crecimiento indagar sobre peso y talla de los padres y hermanos.
2) Exploración física:
a) El examen físico
con el niño desnudo proporciona elementos valiosos para la evaluación nutricional.
Guía de
NUTRICIÓN PEDIÁTRICA